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LAS CARLISTADAS

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Viejo 26/Sep/03, 02:02
tellagorri
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Predeterminado Las Carlistadas


EL CARLISMO Y LAS GUERRAS VASCAS

Sociología del carlismo.(siglo XIX)

El carlismo a lo largo de la historia va a cambiar de grupos sociales o de apoyo, es decir, de bases.
En estos momentos está apoyado por medianos propietarios de tierras, hidalgos del norte de España. Estos propietarios medios estuvieron muy afectados por las reformas que hacen los reformistas ilustrados y los liberales, con lo que se convierten en antiliberales y tradicionalistas.
Buena parte del clero del norte de España apoya al carlismo (ya que la iglesia es antiliberal en este momento), pero no toda la iglesia lo hace, solo algunos sacerdotes, etc.
También apoyaron al carlismo militares medios con ansia de mando. Van a apoyar también al carlismo funcionarios depurados que apoyaban la monarquía absoluta. No eran solo las altas clases, sino que también apoyaban las clases medias y bajas.

Focos geográficos del carlismo.

Se pueden distinguir diferentes lugares, pero destaca sobre todo Navarra, donde empezó a estar la corte del pretendiente a la corona, Don Carlos.

Allí estará apoyado por uno de los militares y promotores del carlismo Zumala- cárregui.
El foco navarro se mantendrá a lo largo de toda la historia del carlismo. Tan importante como el navarro será el de toda la sierra del Maestrazgo (situado entre Castellón y Tarragona). Aquí aparecerá otro de los líderes del carlismo que será el general Cabrera. También tendrán su importancia como focos en las diferentes guerras Cataluña, el País Vasco y Galicia, pero habrá focos secundarios prácticamente en toda España, aunque arraigaron menos que en otras zonas.

Causas del carlismo.

En un primer instante parece una causa la legitimidad por la corona española. Los grupos carlistas estaban ya en época de Fernando VII y a lo largo de su historia no dudaron en cambiar de dinastía cuando les hacía falta. Los especialistas dicen que las causas del carlismo son dos fundamentalmente:
Una es una causa político-religiosa y otra es una causa social.

a) Las causas político-religiosas:

Ante todo el carlismo es antiliberal, en primer lugar por la cuestión religiosa, no entienden los carlistas las medidas contra la iglesia, por lo tanto subrayan sustancialmente la religiosidad, pero no cualquier religión, sino una religión tradicional (ultramontana).

En segundo lugar dentro del antiliberalismo, subrayan las tradiciones, por lo tanto son tradicionalistas, porque todo el liberalismo proviene del extranjero y había que dar importancia a las tradiciones del país.

En tercer lugar son antiliberales por el centralismo y frente a este ellos proponen unas leyes para cada región (foralismo). El foralismo no es una causa del carlismo, pero es uno de sus fundamentos.

b) Las causas sociales:

Las medidas liberalizadoras, primero del reformismo ilustrado de los borbones y luego de los liberales y las medidas para favorecer la incorporación de los jornaleros sin tierra al campo, van a afectar a estos grupos del norte que eran propietarios de tierras (hidalgos del norte), van a perder su capacidad adquisitiva frente a la burguesía que va a adquirir más importancia que ellos y además debido a estos cambios van a perder muchos elementos tradicionales (que servían para el dominio social)

La guerra carlista.

La guerra carlista aparece de una manera sorpresiva e inconexa. Cuando muere Fernando VII, en su testamento dejó como heredera a su hija Isabel II y de regente a su esposa Mª Cristina, ese mismo día se proclama rey por su propia cuenta el hermano de Fernando VII Don Carlos y surgen en esos focos (navarra, Galicia, etc.) levantamientos favorables a Don Carlos.

La guerra en un primer momento es una guerra de desgaste y resistencia, donde se luchaba por el día y se iba a dormir por la noche a casa. ( Prácticamente de guerrillas).

Esta primera fase de la guerra no servía para avanzar en el territorio, no había tropas ni ejércitos organizados, había una serie de líderes esporádicos que hacen esta guerra de desgaste.
En una segunda fase se van a organizar los carlistas y van a formar un ejército, aunque no había coordinación en todos los focos geográficos, cada foco tenía su propio jefe. En esta segunda fase se establecen asedios a ciudades con lo que la guerra carlista entró en una nueva dinámica de tipo territorial.

En el año 1837 cuando los liberales subieron al poder de nuevo (del 34-37 los absolutistas) nombran un nuevo general que es el general Espartero.
Éste utiliza una doble táctica en la lucha contra los ejércitos carlistas. Por un lado hace la guerra en los territorios carlistas y por otro lado establece negociaciones de paz con aquellos carlistas que cansados de la guerra querían la paz y para ello les ofrece mantener y respetar los fueros (navarros principalmente) y respetar en sus puestos a los militares carlistas.
El principal general carlista Maroto acepta las condiciones de paz, asesina a los carlistas más intransigentes y en el año 1839 se produce el abrazo de Vergara. Con esto se produce el final de la primera guerra carlista.

......................

Pero esta guerra no era solamente dinástica sino que entroncaba con las profundas diferencias ideológicas entre absolutistas y liberales. Así la sublevación carlista no sólo tenía por objeto el acceso al trono de Carlos María Isidro, sino también defender la monarquía tradicional frente a la creciente influencia de los liberales.

El apoyo de los liberales a Isabel II era un intento de evitar la subida al trono de un rey aún más reaccionario que Fernando VII.

Otros aspectos a tomar en consideración eran el religioso y el foralista. El triunfo de las tesis liberales suponía la pérdida de poder de la Iglesia y el establecimiento de un régimen político homogéneo que chocaba con los privilegios organizativos de determinadas partes de España (los fueros).
Por eso la insurrección carlista triunfó el las zonas de España donde mayor era la influencia del clero y de los privilegios forales existentes o perdidos tras la Guerra de Sucesión Española (1700-1714).

El Carlismo era fuerte en Galicia, Navarra, las provincias vascas (salvo las capitales de las provincias, de tendencias liberales), algunas regiones de la antigua Corona de Aragón, como Cataluña y parte del propio Aragón y, ocasionalmente, en algunas zonas de Castilla y León.

La guerra se desarrolló en tres fases. La primera, que abarca entre 1833 y 1835, fue una fase en la que los carlistas llevaron la iniciativa de la mano del brillante general Zumalacárregui. Sin embargo en este periodo comenzaron a producirse discrepancias en ambos bandos. Los Carlistas empezaron a dividirse entre pactistas e intransigentes y los Isabelinos, a su vez, entre moderados y radicales.

Estas diferencias dentro de los dos bandos produjeron un estancamiento de la situación de la guerra. Los carlistas eran incapaces de extender la rebelión fuera de sus zonas y los isabelinos no podían sofocar la rebelión. En gran parte, el fracaso carlista se debió a la muerte de Zumalacárregui durante el sitio de Bilbao en 1835.

La tercera fase abarca de 1837 a 1840. En ella se produce un recrudecimiento de la influencia carlista en Aragón y Cataluña de la mano del general CABRERA, otro brillante militar. La guerra parecía no tener fin, pero dentro de cada bando comenzaron a tener preponderancia los elementos pactistas y moderados que lograron llegar a un acuerdo en el que se hacían mutuas concesiones, reconociendo los fueron sin perjuicio de la unidad constitucional.

Con el denominado "Abrazo de Vergara" entre el General en Jefe carlista, MAROTO, y el General liberal Espartero, se puso fin a la guerra en el norte pero la misma continuó en Cataluña hasta la definitiva derrota de Cabrera.
La causa de la continuación de la insurrección carlista en Cataluña era el sentimiento de traición por el abrazo de Vergara, que consumaba el mantenimiento de los fueros en las provincias que aún los tenían, mientras las provincias que reclamaban su restablecimiento habían sido olvidadas.

El incumplimiento de las promesas liberales condujo a otras dos guerras carlistas. La segunda, de escasa importancia y duración, en la década de los 40 y la tercera, entre 1872 y 1876, que supuso el ocaso del


EL PERSONAJE

Cuando Fernando VII murió, don Carlos se-guía en Portugal. Lo curioso del caso es que el princi-pal razonamiento del absolutista don Carlos fuese la falta de consulta al pueblo (o sea, la aprobación por las Cortes) de la ley; y que el argumento en que se han de basar los crístinos liberales, será la validez de un acto de rey absoluto (aunque, como ya he dicho, más tarde fuera legitimado por las Cortes acudiendo a la jura de la princesa de Asturias).
Podemos estar seguros de que las guerras carlistas no fueron exclusivamente un pleito dinástico: se destapaba la regla de «las dos Españas».
Entonces eran:
La que deseaba un rey absoluto sólo guiado por la mano de Dios (y de su representante, la Iglesia) y la que opinaba que nuestra nación debía progresar al ritmo de las libertades individuales y de las luces del siglo xxx.
Quienes apoyaban a la primera fueron carlistas, pues don Carlos daba esa imagen.

Los otros (liberales, cristinos o isabelinos), a la Regente doña María Cristina, que durante su gobierno interino ya dio la contraria.

Úlima edición por tellagorri fecha: 14/Feb/06 a las 23:11. Razón: Corrección estética
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  #2  
Viejo 26/Sep/03, 02:02
inorganico
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Predeterminado LA VERDAD DEL FORALISMO

EL FORALISMO ACTUAL

Los fueros aseguraban el derecho a la autonomía de los territorios vascos, pero no del País Vasco como una comunidad política unitaria. Estos garantizaban UNAS EXENCIONES FISCALES y MILITARES, dentro del régimen cómun que aún distinguía HIDALGOS de los PECHEROS. Y las provincias vascas, en razón a su adhesión a Castilla gozaban de HIDALGUÍA UNIVERSAL.

Cuando se habla de derechos históricos se está reconociendo implícitamente la pluralidad de los mismos.
El intento de manipular la voluntad popular y de constituir una Euskadi conjunta con un estatuto de autonomía viene de 1933, cuando fue aprobada por referéndum, pero rechazada tal posibilidad en Navarra.

El carlismo fue el movimiento político que mejor supo aunar en su ideología la defensa de estas peculiaridades forales.
Sin embargo, en la primera guerra carlista cuando se firma el Convenio de Vergara que establece la paz en el territorio vasconavarro bajo dominio carlista, se puede realizar por el compromiso de los carlistas vascos, pero no así de los navarros, cuyos principales dirigentes fueron fusilados unos días antes en el Santuario del Puy de Estella, por orden del general Maroto.
Posteriormente, Navarra llegaría a un acuerdo con el gobierno mediante la ley paccionada de 1841, en la cual se establecía de forma definitiva la compatibilidad del régimen foral con el gobierno constitucional.

Navarra aceptaba acomodar su sistema a la unidad constitucional. Con arreglo al art. 2 de la ley de 1839, negoció con el gobierno y concluyó el 10 de diciembre de 1840 un acuerdo, que fue sometido a la ratificación del parlamento y promulgado mediante ley del 16 de agosto de 1841.

La diputación liberal de Navarra llegó a la conclusión de que no se podía mantener la estructura constitucional transformando la soberanía política en autonomía foral.
Y aceptan los navarros la desaparición de las las Cortes, el virrey, el consejo real, aduanas, diputación del reino, pero manteniendo una amplia autonomía regida por una diputación foral, que ha pasado en la actualidad a denominarse gobierno foral.

La distinción viene de que los territorios vascos disfrutaban de un régimen foral dentro de la soberanía indiscutible de Castilla. El caso navarro era diferente, porque disponía de la organización política de un Estado semi-soberano, sometido a Castilla desde 1515.
Navarra hasta 1839, constituyó un reino con leyes, jurisdicción y gobierno propios, sin poseer órganos comunes con Castilla, excepto la figura del monarca común que era representado por su Virrey, y sometido a la Corona de España.

Resumiendo : La situación de equilibrio político e institucional comienza a deteriorarse en la segunda mitad del siglo XVIII, con la política centralizadora de los Borbones, que provocará una tensión creciente que estallará en 1833 con la Primera Guerra Carlista.

El conflicto militar concluirá en 1839, con el armisticio de los carlistas, y desde el punto de vista institucional y político tendrá su plasmación en 1841 en la llamada Ley Paccionada, en virtud de la cual el secular Reino de Navarra se integra, con el rango de provincia, en el estado liberal, al tiempo que mantiene todavía instituciones y leyes de su secular régimen foral, el sistema privativo de los navarros como reino independiente y, a partir de 1512, como reino incorporado a la corona española.

Esta situación peculiar se mantuvo durante la Restauración, la II República y el franquismo.

Con la democracia, tras la Constitución española de 1978, el régimen foral de Navarra se integra en el nuevo sistema institucional merced a la Ley Orgánica de Reintegración





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  #3  
Viejo 26/Sep/03, 02:02
macbenac
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Predeterminado Foralismo no es igual a SOBERANÍA

SOBERANIA SOLO ES IGUAL A SOBERANIA
Existe la costumbre de equiparar Soberanía con Foralismo, conceptos que juridica y lingüisticamente son absolutamente opuestos.
Pongo el ejemplo del inquilino de vivienda y el propietario de la misma, a efectos de similitud de derechos entre soberano y foralista o usufructuario de fueros.
Y con tal comparación la premisa del "histórico soberanismo" vasco o catalán quedan en la nadaría demagógica..

Unicamente la Enciclopedia Universal Vasca (de Auñamendi), creada y escrita por nacionalistas, utiliza esa similitud o equiparación con clarísimos objetivos POLITICOS. En el resto de los textos jurídicos tanto medievales como modernos, LA DISTINCIÓN ES OBVIA.

Según esa misma enciclopedia citada, y se contradice a sí misma, EL PASE FORAL lo define como “ institución que rigió en las Provincias Vascongadas y en Navarra, en virtud del cual las Juntas Generales examinaban las disposiciones dictadas por el Gobierno central a JUECES, a fin de ver si contenían alguna orden que contraviniese a sus fueros, y si esto ocurría la Junta proveía el caso con la fórmula “Se obedece, pero no se cumple” hasta que oída la providencia por el rey se obtuviese modificación conforme a Fueros.”

Por tanto, había quien ostentando soberanía dictaba normas que, por razón de fueros provinciales ( y los había en toda España), y en temas exclusivos de JUZGADOS debían respetar los derechos forales en el tema, y el criterio de las Juntas era sólo para ejecutarlas o ALEGAR al rey existencia de contrafuero.
Si eso es soberanía, que baje San Gabriel otra vez al Aralar.

Lo que conlleva que había un PROPIETARIO que legislaba para los inquilinos y, éstos si su contrato de arrendamiento no coincidía con lo dictado por el propietario en asuntos concretos , tenían derecho a negar su cumplimiento.
El mismo caso que si ahora al inquilino le exige su propietario que arregle el tejado de la casa, y aquél arguye que las obras en tejado son a cargo del propietario según el contrato.
Pero por ello, no se concede al inquilino NUNCA la PROPIEDAD del piso.

El origen de la violencia no está en el CONFLICTO, por la sencilla razón de que dicho “Conflicto” se lo inventó BATASUNA en su día y en base a una hipotética y falsa teoría de que EUSKADI ERA INDEPENDIENTE Y UN GENERAL NOS LA QUITÓ, en referencia a Franco.
En los años anteriores a 1990 JAMÁS el PNV ha reivindicado la existencia de ningún conflicto, sólo la recuperación de unas competencias fiscales que regulaban los FUEROS PROVINCIALES. Eso oficialmente.

Intra-muros también anhelaba la independencia, el PNV, pero EN BASE a los argumentos de ARANA: “esta tierra es de euskaldunes y hay que perder todo contacto con los maketos porque son sucios, irreverentes y vagos”. Y su lema Jaungoikoa eta Lege Zarrak (copiado de los carlistas =Díos, Patria y Fueros) se resumía en LA AUTONOMIA FORAL. ( Es decir, es teoría de inicios del siglo XX)

Con el Estatuto tales competencias se restablecieron y en demasía, es decir con mayor abundamiento que el realmente exigible. Luego, con Garaikoetxea y Ardanza, la reivindicación consistía en que el Estado NO LLENABA las competencias reconocidas en el Estatuto, principalmente la de la transferencia de la Seguridad Social.


El Gobierno Vasco ostenta actualmente competencias que NINGUN ESTADO FEDERAL DEL MUNDO dispone : Recaudación y gasto de impuestos, Policia propia, Educación, Sanidad, Trabajo, Transportes en general, Carreteras, obras públicas, Cultura y Medios de Comunicación, Notarios, Registradores de la Propiedad y Farmacias, Colegios Profesionales, Puertos y Aeropuertos (excepto Bilbao y Pasajes), Registro de Asociaciones, de Fundaciones, de todo tipo de organismos privados y públicos, Turismo y Pesca, Comercio Interior y toda la regulación de Consumo, etc. etc. etc.

Sólo le falta, para ser un Estado tener EJERCITO y MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES. (La falta de ejército oficial la sustituye con ETA, y la de relaciones exteriores con sus subvenciones y representantes en LA DIASPORA)

Con las famosas exigencias hacheberas de Autoderminación para INDEPENDIZARSE, es cuando el PNV comienza, en los 90, a sumarse a ello para no perder clientela y seguir en la via REIVINDICADORA MÁS RADICALIZADA, necesaria para todo nacionalismo.

Pues el día que un nacionalista no tenga nada que pedir, SE ACABÓ SU IDEARIO Y SUS OBJETIVOS. Lo mismo que cuando a un partido comunista le quitas la IGUALDAD ECONOMICA de los ciudadanos, se les acaba su objetivo, por otra parte utópico e irrealizable e injusto en tanto en cuanto el vago y el inútil no pueden tener la misma riqueza que el laborioso y capaz.

A ETA le importa UN PIMIENTO la resolución de ningún conflicto político, y el que se crea eso es más ingenuo o tonto de lo necesario. ETA es una mafia organizada por muchas madres políticas, y cuyo objetivo real sería IMPLANTAR LA DICTADURA DE LAS PISTOLAS sobre una población TOTALMENTE RURAL.

Sin médicos, abogados, economistas, agentes de Bolsa, Hipermercados, Bancos, autopistas, etc., y con muchos pastores sumisos dedicados a criar ovejas y tocar la txalaparta. En ese utópico país(muy similar al actual Afganistán) serían AUTOSUFICIENTES porque no necesitan nada por encima del chabolismo y la alimentación agraría más elemental. (Eso para el pueblo, claro, pues para los Jauntxos lo mismo que para los del Krenlim de tiempos de Stalín : todo lo utilizado en USA o SUIZA.)

Cuando los peneuvistas de base se enteren de la MISA, su Mulá Mayor será el Jefe supremo de los Batasunos y practicando sus tésis. (Garaikoetxea se sacó a medio partido para crear otro, con roturas de lazos familiares y de amistades entre los afiliados, y AHORA (en el 2001) y sin que esos mismos afiliados a EA se hayan dado cuenta están de nuevo en el PNV.

Pues lo mismo les va a hacer el Arzalluz jauna junto a Permachito, Olarra y pandilla.

Por el camino del soberanismo histórico NADA DE NADA. Y por el supuesto del “Si el pueblo lo pide”, cuando HAYA LIBERTAD TOTAL PARA OPINAR TODOS.

El mayor fracaso de un Partido en Europa es que en 21 años hayan conseguido la desaparición de la libertades para el 50% de sus habitantes, y que los intelectuales hayan sido obligados a abandonar el país. En el 2002 la encuesta universitaria da un 21,8% de vascos INDEPENDENDISTAS.
Los cuales pretenden implantar SU DICTADURA sobre el 78,2% de habitantes totales.


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  #4  
Viejo 26/Sep/03, 02:02
beltrandebonlieu
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Predeterminado Antonio Trueba y Arzalluz.1878 a 2003

Por NAVARRO VILLOSLADA,

LA ABOLICIÓN DE LOS FUEROS VASCONGADOS.
AYER Y HOY.

Se dice muy frecuentemente que los males que padece la población de las Vascongadas, tiene su origen en las aboliciones de fueros que se producen durante el siglo XIX, consecuencia directa de la promulgación de las sucesivas constituciones españolas.
La última abolición foral se produjo en 1887, unos años después de la última guerra carlista. ¿Realmente es esto así?, ¿puede tener relación ese acontecimiento remoto con lo que sucede hoy?

El País Vasco actual, según los medios de comunicación, es la única zona de España en donde los ciudadanos carecen de libertad.
Una afirmación que es compartida por una gran cantidad de vizcaínos, alaveses, guipuzcoanos y navarros. Porque en el País Vasco, y en el antiguo Reino de Navarra, actualmente, hay miedo: miedo a poder hablar libremente sobre el propio futuro, no sea que el amigo, o el conocido, vayan a decir algo. No vaya a ser que los adeptos de la televisión autonómica se enfaden por cuestionarles su “historiografía nacionalera” impostada.

Estas circunstancias están prefigurando una limpieza ideológica , una primera instancia, con vocación de convertirse en limpieza étnica, según las técnicas utilizadas por croatas y musulmanes en la antigua Yugoslavia, técnicas de inspiración germana que hemos podido contemplar en ese país, desde 1990 hasta ahora.

Muchos se han preguntado las garantías que recibieron del gobierno alemán desde antes de 1989, para que los gobiernos autónomos de Eslovenia, Croacia y Bosnia se lanzasen a desmantelar el Estado Federal Yugoslavo, durante esta última década. Simultáneamente a estos hechos, en Abril de 1990 -un año antes de la liquidación de Yugoslavia-, también el Presidente del Partido Nacionalista Vasco, Javier ARZALLUZ podía sostener que "los alemanes (en el Gobierno) nos han expresado más de una vez su apoyo, diciendo que nuestras aspiraciones (a la independencia) son perfectamente asumibles en la Europa del futuro. Nosotros tenemos un plan diseñado ya, y le hemos puesto fechas. La soberanía de Euzcadi, estilo Lituania, a proclamar entre el 1998 y el 2003".

Esto obliga a recordar los debates que se originaron cuando, en 1887, el gobierno de la Restauración suprimió los fueros vascongados.
Debates como el promovido por ANTONIO de TRUEBA y de la QUINTANA quien, como Cronista del Señorío de Vizcaya y autor de algunos trabajos históricos, elevó varios memoriales a las Cortes, en defensa de lo que él consideraba, la defensa de las Tradiciones Vascongadas.
Fue este autor vizcaíno, pues, el redactor de las protestas institucionales que los foralistas vizcaínos, que nunca separatistas ni antiespañoles, que elevaron a Cortes.

En esto el autor vizcaíno escribía en una carta posterior aclarando su posición ante el caudillo de la Restauración: “Terminada la guerra, (la tercera guerra carlista) Don Antonio Cánovas del Castillo, ansioso de popularidad, creyó excelente medio de alcanzarla la presentación a las Cortes de un proyecto de ley abolitorio de los fueros vascongados, y en efecto le presentó, y apenas hubo senador ni diputado que se atreviese a arrostrar la impopularidad de negarle su voto” (Antonio de Trueba , 1887).

Esta medida la adoptó Cánovas más para debilitar la facción carlista e impedir una nueva situación bélica como la arrostrada por tres veces en España durante el siglo XIX, que por razones ideológicas muy profundas.
No era Cánovas un hombre muy liberal, de ahí que el político de la Restauración, acerca de los Fueros Vascongados, afirmase en 1873 que “lejos de desear que allí desaparezcan instituciones semejantes, querrialas yo comunicar, si posible fuera al resto de España.

Las libertades locales de los vascongados, como todas las que engendra y cría la historia, aprovechan a los que las disfrutan, y a nadie dañan, como no sea que se tome por daño la justa envidia que en otros excitan” (Antonio Cánovas del Castillo, introducción a Miguél Rodriguez Ferrer, en Los Vascongados, su país, su lengua LL Bonaparte, Madrid , Imprenta de J. Noguera, 1873 p. XII).




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Viejo 5/Jun/04, 01:01
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Predeterminado ESTELLA: ciudad clave

En la historia contemporánea vasca, Estella-Lizarra fue, en primer lugar, la capital del carlismo; después, ya en 1931, durante la Segunda República, sede de la Asamblea de Municipios Vascos.

En efecto, en el mes de octubre de 1833, Bilbao era la única ciudad importante en la que triunfó la rebelión durante mes y medio. A lo largo de la guerra, sin embargo, Estella se ganó la capitalidad.

En 1834, Zumalacárregui forjó en la Navarra Vieja el núcleo de un ejército capaz de conquistar palmo a palmo el suelo de Vasconia y dispuesto, incluso, a conquistar Madrid. Herido en el sitio de Bilbao, Zumalacárregui murió en 1835, pero la guerra continuó.

Cuando el pretendiente Carlos nombró al general Maroto jefe carlista, no dudó en fusilar en Estella a los militares que se opusieron en febrero de 1839 a su plan de negociación. Estuvo a punto de abandonarlo, pero la influencia inglesa y la voluntad de los batallones de Vizcaya y Guipúzcoa impuso un arreglo, no sobre la legitimidad del rey Carlos, sino sobre el sistema foral. Esta cuestión fue introducida en el Convenio de Bergara (1839).

Pero fue en la segunda guerra carlista, entre 1872 y 1876, cuando más brilló Estella como capital de un Estado carlista que, visto el mapa de posiciones, era en realidad un Estado sin territorios y sin ciudades importantes.

En los pueblos de la zona media de Vasconia, con un nutrido grupo de agricultores empobrecidos y de pequeños propietarios convertidos en arrendatarios, el carlismo ha sido tradicionalmente algo más que una ideología; se podría decir que era una religión familiar, un elemento de cohesión y de identificación cultural.

Por ello, pese a las derrotas militares del siglo XIX, perduró en el siglo XX hasta que sociológicamente desapareció, paradójicamente después de haber vencido en una guerra civil, la de 1936. Pero antes de protagonizar de nuevo la insurrección armada, el carlismo y la Comunión Tradicionalista jugaron también a la política.

El día 14 de junio de 1931 tuvo lugar la Asamblea de Municipios Vascos en Estella. El mismo día, organizaron los carlistas en Pamplona un acto de afirmación católica. Según recoge la prensa de la época, el 14 de junio, en Estella, «casi todas las casas de la ciudad ostentaban colgaduras con los colores de la bandera nacionalista y también se veían muchas con los colores de la República española».

En el Teatro se reunió la Asamblea de Municipios para aprobar las enmiendas al proyecto de Estatuto General del Estado vasco, redactado por Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos a petición del movimiento de alcaldes. De los 552 ayuntamientos vascos, asistieron representantes de 485. Faltaron las cuatro capitales y los más industrializados.

Las enmiendas aprobadas habían sido consensuadas en la reunión de Azpeitia y la más significativa era la que permitía al proyecto vasco conservar la capacidad para firmar un concordato con la Santa Sede, siguiendo el ejemplo de los Concordatos del Estado de Baviera de 1924 y de Prusia de 1929.

Desaparecía el Estatuto de la Sociedad de Estudios Vascos y, con las enmiendas aprobadas, nacía el de Estella, un estatuto al gusto de integristas, carlistas, nacionalistas confesionales y de algunos miembros de la derecha católica.

Dios y Fueros
El viejo lema de Dios y Fueros fue el que prevaleció. Surgió entonces también un líder político nuevo y joven: José Antonio Aguirre.

En las elecciones constituyentes de 1931, el bloque de Estella logró en Vasconia 15 diputados frente a 9 republicano-socialistas. Pero esa alianza de mayoría foral y confesional resistió poco tiempo debido a que la Comunión Tradicionalista inició su estrategia de oposición frontal a la República.
Los nacionalistas, Aguirre e Irujo, aprendieron pronto la lección y, en un tiempo record, encaminaron la estrategia del PNV hacia una opción más liberal para lograr el ansiado poder de autogobierno político.
En cualquier caso, al PNV le da igual aparentar ser de izquierdas, de derechas o mediopensionista con tal de PATRIMONILIAZAR EL PODER. Unico objetivo.


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  #6  
Viejo 5/Oct/04, 01:01
inorganico
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Predeterminado LA ABOLICIÓN DE LOS FUEROS VASCOS. (1878)

Desde el punto de vista bélico, el carlismo tuvo su gran oportunidad en 1873. Mientras la guerra de Cuba seguía extendiéndose, la proclamación de la República trituró los restos de la coalición revolucionaria, las desavenencias entre los propios republicanos condujeron a la sublevación cantonal y la indisciplina hizo mella en el Ejército hasta tal punto que muchos oficiales fueron destituidos por sus propios subordinados.

Semejante estado de cosas no podía durar indefinidamente. Con ayuda de los militares más conservadores, SERRANO, a comienzos de 1874, impuso una férrea dictadura como único medio para restablecer el orden tras los casi seis años de confusión que habían esterilizado dos proyectos políticos distintos: la monarquía democrática y la experiencia republicana.

Desvanecidas las posibilidades del régimen demo-liberal, la mayor parte de las fuerzas políticas que sobrevivieron a la resaca revolucionaria secundaron los planes de Antonio Cánovas del Castillo: sólo la restauración de una monarquía constitucional y borbónica podía garantizar la estabilidad.

La proclamación de Alfonso XII, en diciembre de aquel mismo año, tuvo efectos no por esperados menos sorprendentes. El restablecimiento de la disciplina se complementó con una mejor coordinación del esfuerzo bélico y las tropas carlistas, que una vez más se hicieron fuertes en el territorio VASCO-NAVARRO, se vieron desbordadas por la contraofensiva lanzada en el verano de 1875.

A los triunfos militares se añadieron los políticos. El sesgo moderado y conservador del régimen canovista atrajo a los antiguos isabelinos comprometidos con don Carlos, que cambiaron de bando.
El término de la guerra civil era cuestión de tiempo. Los liberales vascos lo sabían. Como sabían también que la cuestión foral pendía del desenlace del conflicto, pues no en vano Alfonso XII había prometido en Peralta la continuidad de los fueros a cambio del cese de hostilidades.

Sin embargo, los carlistas rechazaron cualquier tipo de negociación y decidieron jugarse el todo por el todo. Abatido y resignado por la total derrota de sus tropas, Don Carlos cruzó la frontera francesa el 28 de febrero de 1876.

Nada más terminada la contienda, Cánovas citó a los representantes de las Diputaciones vascas. El presidente del consejo de ministros estaba resuelto a introducir, acogiéndose a lo dispuesto en el artículo II de la ley del 39, las modificaciones necesarias para ACOMODAR LOS FUEROS a la "unidad constitucional".
Al igual que entonces, prestigiosos liberales asumieron la defensa del país y acudieron a la reunión fijada para el día 1 de mayo.
Las posibilidades de alcanzar un acuerdo se disiparon pronto. Si la credibilidad del proyecto político canovista era incompatible con la EXENCION FISCAL y MILITAR de las provincias vascas, los representantes de las Diputaciones no estaban dispuestos a renunciar a uno de los fundamentos del régimen foral.

Tampoco en unas Cortes predispuestas en su contra, los parlamentarios vascos obtuvieron mayor apoyo. El sentido discurso de Moraza -que terminó con un emocionado «a la sombra de los fueros nacimos y a la sombra de los fueros quisiéramos morir»- pudo conmover al presidente del gobierno, pero no torció su voluntad.

Con una cómoda mayoría parlamentaria, con las garantías constitucionales suspendidas y con el País todavía ocupado por el grueso del Ejército, Cánovas comprendía que difícilmente volvería a presentarse una coyuntura tan favorable para llevar adelante sus planes. Toda resistencia estaba condenada al fracaso.

El artículo primero de la ley de 21 de julio de 1876 extendía: «Los deberes que la Constitución política ha impuesto a todos los españoles de acudir al servicio de las armas cuando la ley les llame, y de contribuir en proporción de sus haberes a los gastos del Estado, a los habitantes de las Provincias de VIZCAYA, GUIPUZCOA y ALAVA, del mismo modo que a los demás de la Nación».

Pudiera pensarse que la intención de Cánovas no era tanto acabar con la autonomía administrativa de las provincias vascas cuanto asentarla sobre unos fundamentos jurídicos distintos a los que habían regulado hasta entonces su relación con el Estado.

Sin embargo, la pertinaz oposición de las autoridades forales cerró cualquier posibilidad de transacción. Es más, solicitaron conjuntamente la mediación de la Corona, aunque sin éxito.
Irritado por tan unánime y frontal rechazo, Cánovas cambió de estrategia. Cuando fracasó la vía de la persuasión, cursó órdenes estrictas a los gobernadores civiles para que intervinieran las tesorerías provinciales y activaran el alistamiento militar.

Tantas presiones dieron, al fin, su fruto. AbrumadoS por las enormes responsabilidades que teníaN ante sí, LOS DIPUTADOS GENERALES convocaron, previo consentimiento del gobernador civil, a las juntas Generales extraordinarias para explicar las normas dell gobierno central: desde la aplicación de las leyes desamortizadoras a la prohibición que pesaba sobre las Diputaciónes para usar el título de foral en sus documentos oficiales.

Sin embargo, la negociación no prospero. Cánovas no tenía ningún interés en entenderse con los vascos mientras vizcaínos y guipuzcoanos se mantuviesen hostiles.
Al sentirse burlada, la comisión varió radicalmente de actitud: en el informe presentado al pleno el 21 de noviembre se mostró contraria a cualquier transacción que recortara los derechos.
Pero ya era tarde. Los gobernadores disolvieron las juntas, que ya no volverían a reunirse más, alegando la improcedencia de la propuesta. Se acababa de clausurar una institución con más de cuatrocientos años de historia.

La "unanimidad" de la sociedad vasca en torno a las instituciones forales, que no había existido en el primer tercio de la centuria, no sólo explica la enorme frustración generada por la ley del 76. También fue la causa de la posterior concesión de un régimen particular, concertado por R.D. de 28 de febrero de 1878.

El régimen CONCERTADO, tardía reparación ideada por Cánovas para congraciarse con un pueblo que veía amenazada su identidad y violentadas sus más profundas convicciones, suponía un implícito reconocimiento de la personalidad histórica vasca. Pero esa ya es otra historia.


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